El Gran Colapso
Al mirar por los amplios ventanales del laboratorio aún se podía distinguir muy levemente el reflejo del lejano punto azul. Debido a la atmósfera marciana la vista de la tierra era un privilegio raro, pero también era un recordatorio constante de que había elegido esta misión, junto con todos sus sacrificios, con la esperanza de ver un futuro para él y su familia.
Un hombre de aspecto mayor, pero únicamente debido a su barba y canas, se encontraba sentado en un rincón de su laboratorio masticando el puré de proteínas que correspondía a su almuerzo. Su último compañero había muerto semanas atrás, sólo quedaba él. Los amplios ventanales del techo le hacían pensar en dónde estaba, porque estaba ahí y que había logrado en estos meses en la base marciana de la Congregación de Naciones. La misión se suponía que duraría un par de meses y hoy no sabía si podría volver.
Tan solo un par de años antes, la nación independiente de Silica, líder en todo lo que respectaba a los últimos avances de hardware y software neurovirtual, lanzó al mercado su gran última apuesta: nanobots.
Alguno recordaban haber oído esa palabra en librofilms anticuados o quizás de pasada en algún espacio virtual particularmente ñoño, pero para el resto de las personas esto era la última tecnología de punta. Sus capacidades parecían ilimitadas: podía construir estructuras en horas donde bots comunes demoraban aún semanas en terminar, podían operar alteraciones biológicas a nivel intracelular de manera simultánea en el cuerpo completo lo que esencialmente proporcionaría una salud perfecta a tiempo completo; y esto significaba solo el comienzo de la primera ola de nanobots en el mercado.
Las promesas de la nueva tecnología se cumplieron. Al menos al principio. En el primer año las áreas metropolitanas de los países más ricos se expandieron en un 34%, dando fin a problemas como el déficit habitacional, la renovación de infraestructura pública y la expansión del sector industrial. En temas de salud, millones de personas eran dadas de alta cada semana tan rápido como entraban a servicios médicos, gente con dolores crónicos se veían caminando por las calles nuevamente y pocos meses después los comandos de software de los nanobots para solucionar problemas como el cáncer y el alzheimer estaban en las últimas semanas de pruebas en pacientes humanos. En otros campos la misma tecnología florecía a pasos agigantados, dando nuevas herramientas a las experiencias de realidad virtual aumentada —ahora conocida como RVA— y a las artes musicales, que ahora eran acompañadas por un espectáculo visual que menos de una década atrás seguían siendo un mero sueño.
Varios problemas también se generaron a partir del surplus provocado por la repentina falta de necesidad de trabajadores en cientos de campos. Escándalos internacionales provocados por la usurpación de fondos públicos eran noticias de cada tarde.
Pero un día el mundo quedó en silencio. Algo estaba pasando y nadie podía entender por qué.
Algunos más atentos habían escuchado las apocalípticas noticias semanas antes. Gente del gobierno y perteneciente al sector más adinerado habían desaparecido de la faz de la tierra, ocultos en sus búnkers y resguardados de la misma plaga que esparcieron por el mundo. Algunos dijeron que era exageración y que el resto debiera hacer caso omiso, hasta que ya era demasiado tarde.
El gran colapso. Un evento que ha durado ya diecisiete meses y que ha aniquilado a más de un 15% de la población mundial. El caos se apoderó del mundo en las primeras semanas, saqueos, masacres y un sinnúmero de eventos que, debido a la falta de noticieros y reportajes, pasaron a la historia de boca en boca.
Eventualmente todos entendimos que estaba pasando. Los nanobots, una vez que había acabado su vida útil de dos años, habían acabado siendo arrastrados por el viento y el mar hasta llegar a nuestros organismos y, poco a poco, nos estaban envenenando. En un principió algunos expertos anunciaron que un simple plan de retracción de productos y extirpación de nanobots de pacientes médicos solucionaría la situación y el mundo volvería a la normalidad después de tres semanas. Tres semanas después los mismos expertos habían sido encontrados en salas de cuidado intenso por envenenamiento por nanobots.
¿Quedaba si quiera energía para perseguir la esperanza de que el caos termine? Se preguntaba el hombre.
De pronto sus ojos se iluminaron. Se levantó de golpe y corrió hasta su mesa de investigación. Muestras de nanobots abiertos, muestras de sangre y un montón de artilugios saltaron por los aires. Fueron horas de tecleo intenso, simulaciones computarizadas y una posible respuesta.
Silica había derivado la manufacturan de las baterías de sus nanobots al territorio rojo, un agregado de países dedicados a la fabricación rápida y barata de artículos tecnológicos que había sido suspendido del mercado global debido a malas prácticas que, décadas antes, habían causado la muerte de cientos de personas en áreas médicas y automotrices. Las baterías después de aproximadamente tres años, y dependiendo del ambiente en el que eran utilizadas, sufrían una falla interna que provocaba la corrosión de sus químicos internos que terminaban filtrándose hacía el exterior.
Silica había tratado de hacer negocios poniendo en juego la vida de todos.
El hombre se quedó paralizado frente a la computadora, no podía entender cómo había sido que esto pasó por alto. Alguien se debió haber dado cuenta antes. Pero esperar más por una respuesta significaba la muerte de centenares de personas. A la mañana siguiente el transbordador 406 salía en dirección a la tierra con un único pasajero.
—————————————————————————————————————————
Desde el polvoriento laboratorio marciano se oían los ecos de la computadora. Una transmisión que con cada comienzo de loop indicaba una antigüedad actual de cinco años repetía las mismas palabras del hombre que, tiempo atrás, había sido la cabeza principal de ese laboratorio:
Fui un tonto, pensé que había esperanza pero es tarde para la tierra. Los gobiernos nos han mentido, el Gran Colapso fue un intento de reiniciar la vida en la tierra pero el experimento se salió de control. Silica se encuentra en control de un 90% del territorio terrestre y se encuentran luchando contra una pequeña resistencia.
Mi familia y yo hemos logrado escapar junto con una comunidad de científicos que ha luchado por preservar lo que ha quedado del antiguo mundo, adjunto a este archivo nuestras nuevas coordenadas.
A quien escuche esta transmisión una advertencia: No hay posibilidad de salvación, no vengan a la Tierra.
Comentarios
Publicar un comentario